20 de Abril 2014
Una tarde de abril, volviendo a casa, pensaba en los riesgo de la vida. En estas cuestiones de tropezar dos veces con la misma piedra, que muchas veces llamamos idiotes.
Tome el camino mas largo a casa, pero el menos transitado, con mas arboles otoñados y mejor vista al Piltri. En eso, mientras buscaba en mi celular el tema mas acorde a mis pensamientos para escucharlo en la vuelta a mi hogar, me cruzo a una señora con quién me imagino era su nieta. La pequeña de unos 8 o 9 años caminaba a su lado, agarrada de la mano de su abuela, mirando el cielo, que a esa hora del día aun seguía azul, con la suerte de verse despejado, casi por comenzar a extinguirse a la oscuridad. Para cuando les preste atención, la abuela ya venía como regañandola por algo que pude sobreinterpretar. Le decía que no quería escuchar quejas si se tropezaba con las piedras, ya que ella no debía caminar mirando el cielo, sino mirando el piso, porque esto era lo más seguro... se lo decía mientras ella aun la agarraba de su manito, aun sabiendo que ella estaba ahí para guiarla.
Todo este escenario me deja pensativa, que eligiría yo? Incluso con una mano que me resguarde y me de seguridad, me arriesgaría a tropezarme solo por mirar el cielo? Por soñar alcanzarlo? Por elegir lo basto e infinito? Lo inalcanzable? O me conformaría con el limite? Me alcanzaria con lo seguro y conocido? Con lo certero? Con lo inmediato? Y volví un poco hacia atrás, en las decisiones tomadas, en las jugadas poco arriesgadas y en las muy arriesgadas, y creo que, hoy, prefiero el cielo..
La niña nunca dejo de mirar el cielo...
La niña nunca dejo de mirar el cielo...
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